Al invierno no le gusta que le escriban poemas de amor.





















A veces siento que esta ciudad esta muerta,
aburrida,
cansada,
podrida.
Me miro al espejo
y no me reconozco.
Será el invierno
y su ostracismo?
Me gusta mas la primavera
o el otoño;
aunque hoy senti un frio intenso en la cara
y no es facil
tener esa oportunidad,
o ese privilegio
de sentir
algo.
Como cuando andaba en bicicleta
hace unos años
y escuchaba una cancion
que me hacia pedalear mas rapido.
A donde se fueron
las cosas
por la cuales
me gustaba pelear?
A donde se fue el gusto
de pelear
por las cosas
que me importan?
La ciudad esta muerta
aburrida
cansada
y podrida.
O tal vez soy yo
la que huele
mal.

Tomate, puerro y verdeo.















Alguien dijo que era viernes,
alguien dijo que era lunes.
Esa algarabía que siento
cuando bebo
la sangre de cristo
se disipa
como el agua
de una pelopincho
vaciada en otoño.
El musgo queda.
Es difícil sacarlo.
Necesitamos una esponja,
detergente,
y ganas de hacer
movimientos circulares
de izquierda a derecha
de derecha a izquierda,
Y no estoy hablando de política
pero
No estoy hablando de política?
Todo es política
me digo.
A Pasolini lo mataron
por puto y comunista
pero no
no hablamos de política
Hablamos de cómo hacer
una buena salsa
de tomate
puerro
y verdeo.















El maravilloso mundo del hombre que espera.
https://vimeo.com/76478700

waves of fear - el dia que murió Lou Reed.


Cuando me levante de la cama ese domingo fui hacia la cocina a buscar un poco de agua. La noche anterior habíamos ido a una de esas fiestas en donde el vodka barato gana y nuestra energía se duerme y se tranquiliza gracias al licor y a las conversaciones inútiles con desconocidos.
En el camino hacia la cocina me encontré con el gato y cuando lo vi le cante tuturu turu tuturu como en esa canción de Lou Reed en donde toma el camino salvaje.
Yo había tomado el camino hacia la cocina porque necesitaba hidratarme, le di un poco de comida al gato, volví al living, encendí la computadora y me entere de la noticia: Lou Reed había muerto.
Inmediatamente me tape el rostro y brotaron muchas lagrimas y sollozos. Pensé en mi padre, pensé en como mi padre y Lou Reed se parecían físicamente y musicalmente poco ya que a él nunca le gusto la Velvet Underground, él prefería a los comemierda de Pink Floyd.
Volví a la cocina y me serví mas agua. El día estaba hermoso pero el buen humor se había convertido en un día triste. Era primavera. Era domingo. Lou Reed había muerto.
Antes de enterarme de su muerte yo había cantado una canción de él, sin pensarlo, sin proponérmelo, le cante al gato y seguí mi rumbo.
Pensé en muchas cosas, pero sobre todo pensé en la idea de porque lloramos a alguien que nunca habíamos visto en persona. Llore la idea de no poder conocerlo y me acorde de las múltiples historias que me vinculan con este sujeto.
Me imagine mil veces encontrándomelo en algún aeropuerto, en algún bar, en alguna calle y me imaginaba a mi misma acercándome a él para preguntarle si podía hacerle una foto. El decía que sí, claro, y yo lo llevaba a dar un par de vueltas y le decía mira a cámara Lou, ahora mira hacia allá, y después le contaba todo a mis amigos: lo vi a Lou Reed y me dejo hacerle unas fotos, mira, miren!
También me acorde de la vez en la que viví en España.
Viaje para trabajar durante la temporada de verano y en ese mismo momento, Lou estaba tocando el disco Berlín en una gira que lo llevo por varios países. Para ir a verlo teníamos que tomar un barco y no teníamos plata. Ni un euro. El sueño se agoto rápidamente. Yo no estaba de vacaciones. Yo tenía que ir a trabajar. No podía permitirme ir a ver a Lou Reed en barco. Era una estupidez bien soñada y nada más que eso.
Una vez veníamos en la camioneta discutiendo porque no la estábamos pasando bien en España. Cuando estacione sonaba en la radio un montón de mierda que no escuchábamos. Pero en un momento mientras discutíamos sobre el absurdo y el agotamiento, comenzó a sonar un tema de Lou en la radio. Uno del álbum Berlín, Sad Song creo que fue. Y nadie hablo. Ni en la radio, ni en la camioneta. Termino la canción y nos quedamos en silencio.
Esa temporada conocimos mucha gente hermosa digna de un libro lleno de aventuras.
Con la plata que juntamos nos fuimos un mes a Berlín y volvimos a casa sin un peso.
Conocimos la casa donde Lou vivió con Bowie, o al menos eso fue lo que nos dijeron, o al menos eso fue lo que creímos.
Y de ahí un montón de historias más, como la vez esa en la que me hamacaba triste durante un hermoso día de verano y en mis auriculares empezó a sonar Who loves the sun y yo me sentí acariciada por un montón de hormigas amistosas.
Se puede llorar a un ser que jamás vimos,
porque nos enseño
que estaba bien ser nosotros mismos
y nos enseño
que el arte
nunca nos dejaría solos.
Ahora debo fotografiar su ausencia.
Ahora debo fotografiar la sombra de los arboles en las paredes.

Me gusta creer
que todo va a salir bien
tengo la esperanza
de un señor
recién vestido,
pulcro y recién salido,
caminando hacia la estación de tren
en una soleada tarde de otoño
saludando gatos
sintiendo como las hojas crujen
debajo de sus zapatos viejos pero lustrados.
Viejo pero lustrado,
Asi definiría a mi espíritu hoy
Aunque también me identifique con la hoja que cruje.
Aunque también me identifique con una soleada tarde de otoño.















13.

anoche
cuando apoye
mi cabeza
en la almohada
di muchas vueltas
porque tenia
el estomago
lleno
de azúcar.

escribí muchas cosas
con la pluma
de mi estomago
y la tinta
de mi bilis
pero nunca tuve voluntad
para plasmar
palabras
en una hoja
porque el azúcar
se había
llevado
mis agallas
hacia otro lado.

hacia donde
van
las agallas
cuando no las uso?
donde esta
la alfombra
donde se guardan
los restos
de polvo
y mugre?

esto
de oscilar
entre la esperanza
y la desesperación
no me lo habían
contado.
esto
de querer
ser como el fuego
y terminar
siendo
como
un chorizo
olvidado
en la parrilla
de una reunión
de palurdos
un domingo
al mediodía,
tampoco.

no fui a la psicóloga. 
me hice una paja y me cocine un paty.
me pareció mucho mas sincero de mi parte.

el sillón
de mimbre
de mi terapeuta
no me mantiene
el culo 
caliente
como a mi me gusta.

no fui a la psicóloga.
me hice una paja y me comí un paty.
me pareció mucho mas sincero de mi parte.
me pareció mucho mas sincero de mi parte.

de mi, parte.
con todo lo que eso significa.
partes, 
partir, 
parto.














5.

las pastillas
que tome
alguna vez
fueron
para
no tenerle
miedo
a la muerte.

las pastillas
que alguna vez tome
fueron
para no tenerle
miedo
al piso seis
o al piso siete.
a la ventana
que quedo abierta
o a la ventana
que quedo cerrada.

todos
querian ser simpáticos
esa noche.

yo tenia cosas para decir,
pero preferi comer mani y hacerme un buche
con vino tinto.

cuando volvía a mi casa,
tuve la sensacion
de haberme engañado
a mi misma,
por tanta amabilidad
regalada
a los niños pobres
que
sueñan
con ponerla
en las grandes
ligas,
que charlan
como aficionados
y en su puta
vida
escribieron
algo
con la tinta
de su estomago.

niños pobres,
pobres niños.

tengo algunas cosas
para decirles,
y algunas
roscas
para ofrecerles
pero prefiero el maní
y la capacidad
de imaginar
sus cabezas
rodando
por el pavimento
como una maceta
que nunca
va a tener
plantas.


















Con dolor de contrición me esforcé por afrontar la prueba de obtener perdón. Pero ¿de quién? ¿De Dios, de Jesucristo? Dios y Jesús eran mitos en los que había creído antaño, y ahora eran creencias que en mi sentir eran mitos. Tenemos el mar por un lado, a Arturo Bandini por el otro, el mar es auténtico y Arturo cree que es auténtico. Pero si me pongo de espaldas al mar, sólo veo tierra; camino sin parar y el horizonte de la tierra se dilata hasta el infinito. Un año, cinco años, diez años y sigo sin ver el mar. Y me digo: pero ¿qué le ha ocurrido al mar? Y me respondo: el mar está más allá, en los penetrales de la memoria. El mar es un mito. Nunca ha existido el mar. Y sin embargo sí ha existido. Puedo afirmarlo porque nací a orillas del mar. ¡Me he bañado en el agua del mar! Me dio de comer, me proporcionó paz, y sus distancias fabulosas alimentaron mis fantasías. No, Arturo, el mar no ha existido nunca. Tienes fantasías y deseos, pero sigues caminando por el desierto. Nunca volverás a ver el mar. Es un mito en el que creíste antaño. En fin, no puedo por menos de sonreírme, porque la sal del océano me corre por las venas, y podrá haber diez mil rutas terrestres, pero nunca me confundirán, porque la sangre de mi corazón volverá siempre a sus preciosos orígenes.

¿Qué hacer entonces? ¿Elevar la boca al cielo para parlotear y balbucir con una lengua asustada? ¿Descubrirme el pecho y golpeármelo como un tambor resonante para llamar la atención de mi Salvador? ¿No es más lógico y conveniente justificarme y seguir andando? Pero habría desorientaciones, habría anhelos; habría soledad, no tendría más que lágrimas, pajarillos húmedos del consuelo, aunque también belleza, una belleza semejante al amor de una muchacha difunta. Y risas también, risas contenidas, y silenciosas esperas nocturnas, y un temor subrepticio a la noche, cual si se tratase del beso pródigo y burlón de la muerte. Y llegará la noche, y los dulces óleos de las playas de mi océano que derramaron en mis sentidos los capitanes a quienes abandoné en la fogosidad soñadora de la juventud. Pero todo ello me será perdonado, y otras cosas también, Vera Rivken, el batir incesante de las alas de Voltaire, el haberme detenido a escuchar y contemplar a este pájaro fascinante, todo me será perdonado cuando vuelva a mi patria por mar.

John Fante - Pregúntale al polvo.

Los niños
los perros
y los gatos
me miran
con esa indiferencia
que no encuentro
en las personas.
Se acercan a mí,
quizás en busca de comida
en el caso de los perros
en el caso de los gatos,
pero los niños
son amables
conmigo.

No recuerdo
un miedo
tan grande
como el que tengo ahora.

Cuando era niña
le temía a la oscuridad,
a la ausencia de la luz.
Hoy le tengo miedo
a las mismas cosas
pero se han vuelto
símbolos
se han vuelto
hacia mi
como algo
que existe
y no
como el cuento
del pulpo negro
que me contaba mi padre
antes de dormir.

El dinero
convirtió
a mis supuestos
amigos
en
aburridos burgueses
que luego de
beber
se suben
a un taxi
en vez
de seguir
cabalgando
la noche.

me quedé
sola
en la ciudad
de las hienas
que babean
y se burlan
de tu estado
de ánimo.

me quedé
sola
en la ciudad
en donde
todos salen
a mostrar
su desesperación
vestida
de autos caros
y camisetas nuevas.

Esto
no es
el infierno
porque peca
de
aburrido.