La plaza de los perros.
















Me voy a quedar acá
hasta que los edificios 
tapen el sol.

Un nuevo atardecer 
se desvanece
y aparece la noche,
que también tendrá su magia.

Estoy triste.
Una oficina 
del Abasto
se llevó mi día.
Que se supone que debería estar haciendo?

Me siento en una plaza
y hago tiempo,
espero;
La plaza de los perros.
Cagan
Mean
Corren
Juegan.

Una señora con bastón
grita:
Titán, vení para acá.
Titán es su perro,
que obedece
y la sigue
sin importarle
el hacia donde
o el durante.

Me gustaría 
cagar
mear
correr
jugar.

La oficina
y los sellos de goma
se llevaron
mi energía,
pero no mi amor.

pero no mi amor.

Al invierno no le gusta que le escriban poemas de amor.





















A veces siento que esta ciudad esta muerta,
aburrida,
cansada,
podrida.
Me miro al espejo
y no me reconozco.
Será el invierno
y su ostracismo?
Me gusta mas la primavera
o el otoño;
aunque hoy senti un frio intenso en la cara
y no es facil
tener esa oportunidad,
o ese privilegio
de sentir
algo.
Como cuando andaba en bicicleta
hace unos años
y escuchaba una cancion
que me hacia pedalear mas rapido.
A donde se fueron
las cosas
por la cuales
me gustaba pelear?
A donde se fue el gusto
de pelear
por las cosas
que me importan?
La ciudad esta muerta
aburrida
cansada
y podrida.
O tal vez soy yo
la que huele
mal.















El maravilloso mundo del hombre que espera.
https://vimeo.com/76478700

Me gusta creer
que todo va a salir bien
tengo la esperanza
de un señor
recién vestido,
pulcro y recién salido,
caminando hacia la estación de tren
en una soleada tarde de otoño
saludando gatos
sintiendo como las hojas crujen
debajo de sus zapatos viejos pero lustrados.
Viejo pero lustrado,
Asi definiría a mi espíritu hoy
Aunque también me identifique con la hoja que cruje.
Aunque también me identifique con una soleada tarde de otoño.















13.

anoche
cuando apoye
mi cabeza
en la almohada
di muchas vueltas
porque tenia
el estomago
lleno
de azúcar.

escribí muchas cosas
con la pluma
de mi estomago
y la tinta
de mi bilis
pero nunca tuve voluntad
para plasmar
palabras
en una hoja
porque el azúcar
se había
llevado
mis agallas
hacia otro lado.

hacia donde
van
las agallas
cuando no las uso?
donde esta
la alfombra
donde se guardan
los restos
de polvo
y mugre?

esto
de oscilar
entre la esperanza
y la desesperación
no me lo habían
contado.
esto
de querer
ser como el fuego
y terminar
siendo
como
un chorizo
olvidado
en la parrilla
de una reunión
de palurdos
un domingo
al mediodía,
tampoco.

no fui a la psicóloga. 
me hice una paja y me cocine un paty.
me pareció mucho mas sincero de mi parte.

el sillón
de mimbre
de mi terapeuta
no me mantiene
el culo 
caliente
como a mi me gusta.

no fui a la psicóloga.
me hice una paja y me comí un paty.
me pareció mucho mas sincero de mi parte.
me pareció mucho mas sincero de mi parte.

de mi, parte.
con todo lo que eso significa.
partes, 
partir, 
parto.














5.

las pastillas
que tome
alguna vez
fueron
para
no tenerle
miedo
a la muerte.

las pastillas
que alguna vez tome
fueron
para no tenerle
miedo
al piso seis
o al piso siete.
a la ventana
que quedo abierta
o a la ventana
que quedo cerrada.

todos
querian ser simpáticos
esa noche.

yo tenia cosas para decir,
pero preferi comer mani y hacerme un buche
con vino tinto.

cuando volvía a mi casa,
tuve la sensacion
de haberme engañado
a mi misma,
por tanta amabilidad
regalada
a los niños pobres
que
sueñan
con ponerla
en las grandes
ligas,
que charlan
como aficionados
y en su puta
vida
escribieron
algo
con la tinta
de su estomago.

niños pobres,
pobres niños.

tengo algunas cosas
para decirles,
y algunas
roscas
para ofrecerles
pero prefiero el maní
y la capacidad
de imaginar
sus cabezas
rodando
por el pavimento
como una maceta
que nunca
va a tener
plantas.


















Con dolor de contrición me esforcé por afrontar la prueba de obtener perdón. Pero ¿de quién? ¿De Dios, de Jesucristo? Dios y Jesús eran mitos en los que había creído antaño, y ahora eran creencias que en mi sentir eran mitos. Tenemos el mar por un lado, a Arturo Bandini por el otro, el mar es auténtico y Arturo cree que es auténtico. Pero si me pongo de espaldas al mar, sólo veo tierra; camino sin parar y el horizonte de la tierra se dilata hasta el infinito. Un año, cinco años, diez años y sigo sin ver el mar. Y me digo: pero ¿qué le ha ocurrido al mar? Y me respondo: el mar está más allá, en los penetrales de la memoria. El mar es un mito. Nunca ha existido el mar. Y sin embargo sí ha existido. Puedo afirmarlo porque nací a orillas del mar. ¡Me he bañado en el agua del mar! Me dio de comer, me proporcionó paz, y sus distancias fabulosas alimentaron mis fantasías. No, Arturo, el mar no ha existido nunca. Tienes fantasías y deseos, pero sigues caminando por el desierto. Nunca volverás a ver el mar. Es un mito en el que creíste antaño. En fin, no puedo por menos de sonreírme, porque la sal del océano me corre por las venas, y podrá haber diez mil rutas terrestres, pero nunca me confundirán, porque la sangre de mi corazón volverá siempre a sus preciosos orígenes.

¿Qué hacer entonces? ¿Elevar la boca al cielo para parlotear y balbucir con una lengua asustada? ¿Descubrirme el pecho y golpeármelo como un tambor resonante para llamar la atención de mi Salvador? ¿No es más lógico y conveniente justificarme y seguir andando? Pero habría desorientaciones, habría anhelos; habría soledad, no tendría más que lágrimas, pajarillos húmedos del consuelo, aunque también belleza, una belleza semejante al amor de una muchacha difunta. Y risas también, risas contenidas, y silenciosas esperas nocturnas, y un temor subrepticio a la noche, cual si se tratase del beso pródigo y burlón de la muerte. Y llegará la noche, y los dulces óleos de las playas de mi océano que derramaron en mis sentidos los capitanes a quienes abandoné en la fogosidad soñadora de la juventud. Pero todo ello me será perdonado, y otras cosas también, Vera Rivken, el batir incesante de las alas de Voltaire, el haberme detenido a escuchar y contemplar a este pájaro fascinante, todo me será perdonado cuando vuelva a mi patria por mar.

John Fante - Pregúntale al polvo.

Los niños
los perros
y los gatos
me miran
con esa indiferencia
que no encuentro
en las personas.
Se acercan a mí,
quizás en busca de comida
en el caso de los perros
en el caso de los gatos,
pero los niños
son amables
conmigo.

No recuerdo
un miedo
tan grande
como el que tengo ahora.

Cuando era niña
le temía a la oscuridad,
a la ausencia de la luz.
Hoy le tengo miedo
a las mismas cosas
pero se han vuelto
símbolos
se han vuelto
hacia mi
como algo
que existe
y no
como el cuento
del pulpo negro
que me contaba mi padre
antes de dormir.

El dinero
convirtió
a mis supuestos
amigos
en
aburridos burgueses
que luego de
beber
se suben
a un taxi
en vez
de seguir
cabalgando
la noche.

me quedé
sola
en la ciudad
de las hienas
que babean
y se burlan
de tu estado
de ánimo.

me quedé
sola
en la ciudad
en donde
todos salen
a mostrar
su desesperación
vestida
de autos caros
y camisetas nuevas.

Esto
no es
el infierno
porque peca
de
aburrido.