MI AMIGO BENJI.


Éramos cinco imbeciles totalmente drogados y al pedo. Eran las 4 de la tarde y hacia demasiado calor y no sabíamos que carajo hacer con nuestras vidas. Entre todos teníamos cincuenta pesos y compramos un kilo de helado para comerlo en la calle bajo el rayo de sol ochentoso que fritaba a las palomas y eran el plato del día de los perros del barrio. Ahora teníamos treinta y cinco pesos y nada que hacer.
"Tiro las cartas y adivino el futuro", decía el cartel que estaba pegado en un palo de luz de la esquina. "lucia, veinte pesos, tarot, magia blanca, hechizos".
La casa de lucia quedaba a quince cuadras de donde estábamos y decidimos gastarnos la guita en un turno con ella. La llamamos desde el celular de Martin y le dijimos que a las cinco y media íbamos. Empezamos a caminar y llegamos a su casa. Era una casa nueva y lujosa por fuera, como si todas las cosas hubieran sido puestas diez minutos antes de que lleguemos. Era una puesta en escena de Hitchcock sin ninguna duda. El timbre estaba en el canasto de las cartas y antes de tocarlo Martín se dio un pase de merca. "no me rompan las pelotas", nos dijo. Tocamos el timbre y salió una señora con un vestido lleno de flores. Era la mama de lucia. "pasen y esperen en la cocina", dijo. La cocina estaba llena de cosas sucias por todos lados, las paredes estaban cargadas de adornos y había fotos recortadas de revistas de familias felices americanas sacadas de publicidades desparramadas sobre una mesa. "hacelos pasar", se escucho desde una habitación y entonces la señora nos llevo a los cinco por un pasillo en el cual tuvimos que dejar nuestras zapatillas. "no quiero dejar mis zapatillas acá", decía Martín, re duro, insoportable, con miedo.
Al final lo convencimos, dejo sus zapatillas y entramos.
Lucia estaba sentada en un sillón y tenía una mesa ratona de madera con cartas y otras cosas que desconozco. Lucia era ciega. Yo me quería ir bien a la mierda cuando me di cuenta de este detalle, quería correr, descalza. Lucia nos pregunto nuestros nombres y nuestra fecha de nacimiento. Empezó por Joaquín y le dijo que se iba a morir en febrero, a Facundo le dijo que ya estaba muerto por dentro y a Federico no le quiso decir nada porque, según ella, el no creía en todas estas pelotudeces. A mi me dijo que mis zapatillas eran negras y también me dijo que las tenia todas llenas de mierda.
Le llego el turno a Martín y el ambiente ya estaba bastante caldeado. "Martín, vos sos un infeliz de mierda", dijo Lucia con una sonrisa en la cara.
"decime algo que no sepa ciega de mierda, bruja de mierda! devolveme la guita o te prendo fuego la vida"
jamás dijimos nada. Nunca intentamos callar a Martín. Estábamos disfrutando esa secuencia y queríamos que se pudra todo bien hasta las pelotas.
La bruja se puso a llorar y nos pidió que por favor nos vayamos.
Le quisimos pagar pero dijo que no quería la plata. "váyanse chicos, váyanse", decía.
Nos fuimos y cuando me puse las zapatillas estaban limpias como el primer día.
La señora del vestido floreado las había limpiado con un cepillito y eso implicaba la búsqueda inmediata de mierda para ensuciarlas y darle relevancia a todo lo que nos había dicho Lucia.
Lucia tenia razón.
Siempre la tuvo.

Vayamos a pisar mierda que nos queda poco tiempo juntos.

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