el libro de los jueces cuenta que Sansón capturó un día trescientas zorras, ató al rabo de cada una de ellas una tea encendida y las soltó en los sembrados de los filisteos. Así es como jugaba con el fuego el terrible nazareno. A veces sueño con un Sansón moderno que pegara fuego al trasero de trescientos burgueses y los soltara en medio de los otros.
Sin embargo, no sé si este jueguecito sería tan divertido como parece. Quien sabe si el burgués, encendido de esta guisa, no se convertiría en un profeta? Porque el fuego es simultáneamente una palabra trivial y una realidad de las más misteriosas, y cuando se lo anuncia, ya sea en voz baja o mediante el escándalo atronador de los toques de alarma, se diría que es él el que juega con los hombres, hasta tal punto enloquece con el presentimiento divino a los más lamentables imbéciles.

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