SILLONEANDO POR UN SUEÑO


La mejor excusa para un hombre es convertirse en eso que le dijeron que se convierta para no tener que lidiar con su patrimonio de sillones que chupan alma de por vida y estancarse ahí y desde ahí mirar el mundo envuelto en una sabana que alguna vez estuvo limpia pero ya no, porque el hombre que se excusa no tiene tiempo de andar lavando sabanas. Esas cosas se las deja a la voluntad y el, justamente, la metió en un frasco de mayonesa que no encuentra, porque ya no tiene mas heladera o al menos eso parece porque no fue nunca mas hacia el sector cocina. Desde el sillón chupa alma observa la vida que los demás eligieron para si mismos mientras el se pregunta donde podrá colocar su cabeza que se infla con la información de las cuatro paredes y el cuarto ya le queda chico o el sillón ya le queda grande, o seguramente es su cuerpo el que le queda grande o incomodo o son esos trajes que dejo colgados en el placard de los disfraces que alguna vez usó para aparentar que era una persona coherente. Ahora, desde el sillón, se dedica a tratar de mover objetos con la mente. Todavía no pudo lograrlo, pero el lo seguirá intentando, por que no tiene nada que perder, absolutamente nada. El sillón algún día tendrá una puerta conductora hacia un lugar en donde las cosas simplemente sean cosas y todo eso que aprendió durante su estadía en la mentira de las calles por donde alguna vez pasó un tranvía, quedará en el recuerdo de algún hombre que nada puede hacer para retroceder en el tiempo y convertirse en niño nuevamente y que nada puede hacer para no llorar cada vez que uno de estos le pasa por detrás corriendo y riendo como si fuera el ultimo día de nuestras vidas.
El niño está roto porque alguien lo mordió y sacudió cual muñeco de trapo que los perros rompen porque tienen ganas. Y no culpo a los perros, no. Yo si se de perros. Yo si se de perros que ríen y que miran a los ojos. Más allá de cualquier pedido de un buen trozo de carne, hay otra cosa. Una alarma, tal vez, como si supieran de lo que se trata, por eso me dejan acariciarle el lomo de vez en cuando. Los gatos son un poco más interesados, y las palomas no me gustan porque su color gris me recuerda a algo que esta por venir, como el color de las personas, esas si que no me agradan tanto, a esas también las esquivo por la calle, como si se trataran de esas cosas que uno no quiere ni enterarse. Como esas noticias en donde le pegan a un elefante con un palo en la cabeza. Más o menos de eso se trata.

De elefantes, de cabezas, de palos sobre cabezas, de peso muerto, de un café cargado para despertar el interés por las mañanas, de frank sinatra, de porcheto y de algunas cuestiones que aun escondo bajo la sabana desde mi sofá en un barrio donde nadie sabe que existo.

2 comentarios:

"uno" dijo...

dijiste que el hombre deja que su voluntad se ocupe de cosas de las que él no se quiere ocupar.

"uno" dijo...

no te olvides de la abeja. ese es tu boleto a la carretera de pavimento llena de fiebre y mareo oh por dios donde está la ciencia para ayudarme!

necesito mimito