5.

las pastillas
que tome
alguna vez
fueron
para
no tenerle
miedo
a la muerte.

las pastillas
que alguna vez tome
fueron
para no tenerle
miedo
al piso seis
o al piso siete.
a la ventana
que quedo abierta
o a la ventana
que quedo cerrada.

todos
querian ser simpáticos
esa noche.

yo tenia cosas para decir,
pero preferi comer mani y hacerme un buche
con vino tinto.

cuando volvía a mi casa,
tuve la sensacion
de haberme engañado
a mi misma,
por tanta amabilidad
regalada
a los niños pobres
que
sueñan
con ponerla
en las grandes
ligas,
que charlan
como aficionados
y en su puta
vida
escribieron
algo
con la tinta
de su estomago.

niños pobres,
pobres niños.

tengo algunas cosas
para decirles,
y algunas
roscas
para ofrecerles
pero prefiero el maní
y la capacidad
de imaginar
sus cabezas
rodando
por el pavimento
como una maceta
que nunca
va a tener
plantas.

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