waves of fear - el dia que murió Lou Reed.


Cuando me levante de la cama ese domingo fui hacia la cocina a buscar un poco de agua. La noche anterior habíamos ido a una de esas fiestas en donde el vodka barato gana y nuestra energía se duerme y se tranquiliza gracias al licor y a las conversaciones inútiles con desconocidos.
En el camino hacia la cocina me encontré con el gato y cuando lo vi le cante tuturu turu tuturu como en esa canción de Lou Reed en donde toma el camino salvaje.
Yo había tomado el camino hacia la cocina porque necesitaba hidratarme, le di un poco de comida al gato, volví al living, encendí la computadora y me entere de la noticia: Lou Reed había muerto.
Inmediatamente me tape el rostro y brotaron muchas lagrimas y sollozos. Pensé en mi padre, pensé en como mi padre y Lou Reed se parecían físicamente y musicalmente poco ya que a él nunca le gusto la Velvet Underground, él prefería a los comemierda de Pink Floyd.
Volví a la cocina y me serví mas agua. El día estaba hermoso pero el buen humor se había convertido en un día triste. Era primavera. Era domingo. Lou Reed había muerto.
Antes de enterarme de su muerte yo había cantado una canción de él, sin pensarlo, sin proponérmelo, le cante al gato y seguí mi rumbo.
Pensé en muchas cosas, pero sobre todo pensé en la idea de porque lloramos a alguien que nunca habíamos visto en persona. Llore la idea de no poder conocerlo y me acorde de las múltiples historias que me vinculan con este sujeto.
Me imagine mil veces encontrándomelo en algún aeropuerto, en algún bar, en alguna calle y me imaginaba a mi misma acercándome a él para preguntarle si podía hacerle una foto. El decía que sí, claro, y yo lo llevaba a dar un par de vueltas y le decía mira a cámara Lou, ahora mira hacia allá, y después le contaba todo a mis amigos: lo vi a Lou Reed y me dejo hacerle unas fotos, mira, miren!
También me acorde de la vez en la que viví en España.
Viaje para trabajar durante la temporada de verano y en ese mismo momento, Lou estaba tocando el disco Berlín en una gira que lo llevo por varios países. Para ir a verlo teníamos que tomar un barco y no teníamos plata. Ni un euro. El sueño se agoto rápidamente. Yo no estaba de vacaciones. Yo tenía que ir a trabajar. No podía permitirme ir a ver a Lou Reed en barco. Era una estupidez bien soñada y nada más que eso.
Una vez veníamos en la camioneta discutiendo porque no la estábamos pasando bien en España. Cuando estacione sonaba en la radio un montón de mierda que no escuchábamos. Pero en un momento mientras discutíamos sobre el absurdo y el agotamiento, comenzó a sonar un tema de Lou en la radio. Uno del álbum Berlín, Sad Song creo que fue. Y nadie hablo. Ni en la radio, ni en la camioneta. Termino la canción y nos quedamos en silencio.
Esa temporada conocimos mucha gente hermosa digna de un libro lleno de aventuras.
Con la plata que juntamos nos fuimos un mes a Berlín y volvimos a casa sin un peso.
Conocimos la casa donde Lou vivió con Bowie, o al menos eso fue lo que nos dijeron, o al menos eso fue lo que creímos.
Y de ahí un montón de historias más, como la vez esa en la que me hamacaba triste durante un hermoso día de verano y en mis auriculares empezó a sonar Who loves the sun y yo me sentí acariciada por un montón de hormigas amistosas.
Se puede llorar a un ser que jamás vimos,
porque nos enseño
que estaba bien ser nosotros mismos
y nos enseño
que el arte
nunca nos dejaría solos.
Ahora debo fotografiar su ausencia.
Ahora debo fotografiar la sombra de los arboles en las paredes.

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